martes, 6 de agosto de 2013

Los números de la cultura en la ciudad

Un resumen a grandes rasgos de la destrucción cultural PRO en la ciudad
La gestión en materia de políticas culturales que ha llevado adelante el macrismo se inclina por la actividad privada, ignora a los barrios más humildes, recorta presupuesto y recurre a la represión como salida a la resistencia de los trabajadores.
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 Por Luciana Sousa
La gestión en materia de políticas culturales que ha llevado adelante el macrismo desde su asunción en 2007 comporta las mismas características que la del resto de sus iniciativas; se inclina por la actividad privada, ignora a los barrios más humildes, recorta presupuesto y recurre a la represión como salida a la resistencia de los trabajadores.

En primer lugar, el presupuesto destinado a la promoción de la cultura fluctuó entre 3,7 y 3,3%, siempre por debajo del  4,3% que se destinaba en el año 2003.

Este recorte impactó de manera casi inmediata sobre el salario de los docentes y trabajadores afectados a los programas de promoción de la cultura como el Programa de Centros Culturales en los barrios, proyecto creado en 1984, por el cual se dictan unos 1200 talleres. Algo similar ocurrió con el Programa de Orquestas Juveniles de la Ciudad, del que participan 1700 chicos de entre 6 y 18 años que cursan a contraturno en establecimientos educativos públicos ubicados en las zonas más carenciadas de la Ciudad: Flores Sur, Villa Lugano, Villa Soldati, Mataderos, La Boca, Constitución, Barracas, Balvanera y Retiro.

Estos barrios son sistemáticamente ignorados por el gobierno porteño por lo menos en cuanto a agenda cultural se refiere; Constitución, Soldati, Lugano, Paternal y San Cristóbal, barrios populares, no tuvieron agenda cultural programada para estas vacaciones de invierno, mientras que en otras zonas más exclusivas dela Ciudad, como Recoleta, Palermo o Puerto Madero ofrecen talleres, exposiciones y visitas guiadas gratuitas.

Además del recorte presupuestario, Macri ha vetado una serie de iniciativas tendientes a achicar la cartera en la Ciudad: entre ellas, la Ley 2626 que habilitaba la realización de la feria en la Plaza Julio Cortázar; la Ley 2584 que preveía el otorgamiento de $500 mil al Collegium Musicum de Buenos Aires, destinado a becas y conciertos; la Ley 2587, destinada a promover e impulsar Medios Vecinales de Comunicación Social, entre otras.

A ello se le suma  la “puesta en valor” del Teatro Colón, que supuso la suspensión de las actividades por tres años y el pase a disponibilidad de más de 100 trabajadores; y la represión en la Sala Alberdi, bastión contra hegemónico que convocó a cientos de jóvenes que se oponían a la privatización de la sala y que durante más de dos años resistieron varios intentos de desalojo por parte de la gestión del ingeniero.

En materia arquitectónica, Macri ha ignorado a muchos de los edificios que conforman el “patrimonio cultural” de la ciudad, como la última morada de Alfonsina Storni,  o los subtes La Brugeoise, por no hablar de la infeliz intervención en la avenida más característica de la Ciudad, la 9 de julio.

En cuanto a la cultura popular en las calles, mientras Macri continúa “inaugurando baldosas” en la calle Corrientes, cerca las plazas, desaloja artesanos y destruye la actividad ferial. Así, además de mostrar un total desprecio por el espacio público, avanza sobre los puestos de trabajo de artesanos, cooperativas y pequeños productores.

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